jueves, 27 de noviembre de 2014

La Infra-cultura de lo Estrafalario.


 Desiderátum Apureño.

Oscar Adolfo Alvarado.

       Confieso que seleccionar y referirme a este tema en apenas Dos cuartillas me ha resultado bastante difícil, pues parodiando a Lawrence Meter y Raymond Hull, en el “Principio de Peter”: “No debería tratar tan ligeramente un asunto tan serio”; sin embargo, estimé necesario decir una pequeña parte y según se genere el intercambio de ideas, que aspiro se alborote bastante, seguramente en el devenir existencial iremos aportando otras tantas más al debate para que coja fuego y se incendien los diversos criterios del pensamiento universal.

     Pues bien, voy al grano: resulta que hoy día un muy reducido grupo de personas, algunos de los cuales se hacen llamar excéntricos o hippies, han aprovechado estos últimos años de la Revolución Bolivariana, y la posibilidad de la participación (pero en un concepto equivocado) para intentar imponer a los demás mortales de la tierra venezolana su muy peculiar estilo de vida. A los susodichos personajes se les puede encontrar en cualquier lugar, desde una aldea indígena en los confines de los llanos o montañas hasta en los propios predios del Country Club caraqueño, donde por cierto dicen que habitan los flamantes platudos capitalinos. Encontrarlos no es difícil e identificarlos es más fácil, su muy sui géneris forma de vestir deshilachados y la negación a visitar los barberos los hace parecidos a los espantapájaros; mientras que su desarrollada alergia al higiene, especialmente al agua y el jabón de baños, hace que se les pueda detectar mediante el sistema olfativo a Dos Kilómetros de distancia, ya que la acumulación del sarro y microorganismos en la mugrienta y raída vestimenta más la piel sin lavar durante varias semanas, además de piojos, liendres y otros minúsculos “vecinos” de éstos en el cabello y los pelos de la barba, produce un añejo efecto de olores parecidos al que dejan una docena de Rabipelados encerrados en una jaula, junto con Cinco Mapurites (Mofetas) alimentándose con un saco de flores de Ponsigué.  

    Los propulsores de la infra-cultura de lo estrafalario, militantes de derecha, centro o izquierda, casi en su totalidad se identifican con los hippies, aquel movimiento contracultural juvenil surgido en los Estados Unidos en la década de 1960 y quienes se hicieron muy famosos por sus ideales, que eran –aparte del pacifismo– el amor libre, la vida en comunas, el ecologismo y el amor por la música y las artes, pero… desafortunadamente todo derivó luego negativamente en vaga-mundos que, por no tener domicilio fijo, se adaptaron al desaseo y lo harapiento, y tiempo después las propias circunstancias de rebelarse contra todo, los llevaron a gran parte de ellos hacia el consumo de marihuana, anfetaminas y LSD (dietilamida de ácido lisérgico). De allí entonces surgió la conducta libertina y estrafalaria que ahora se caracteriza por el anarquismo y lo asocial; así que los estrafalarios siempre están predispuestos contra todo el que tenga higiene, se vista modesta, regular o muy bien, odian al lampiño y detestan al que no se deja una barba enmarañada y piojosa. El colmo de su rechazo lo descargan sobre quienes estén perfumados próximos a ellos, ya que eso para su gusto sería como para nosotros intentar convencernos de acercar un fósforo ardiendo frente a la llave abierta de una Bombona de Gas, algo muy idiota.

     Los estrafalarios tienen otra peculiaridad y denominador común: se meten en cualquier lugar donde se esté desarrollando un evento colectivo y en el que ellos puedan “ratonear”, entiéndase aprovechar gratuitamente comidas o bebidas. En ese sentido su estrategia consiste en tener memorizadas de por vida algunas citas y obras de escritores, músicos, pintores, escultores y políticos reconocidos, así como inventarse algunas poesías que, al no tener rima alguna, son presentadas como sesudas obras del verso libre. En este último caso, las presuntas poesías, siempre estarán cargadas de sustantivos escatológicos y adjetivos descalificativos contra la sociedad… todo distinto a sus ideas es excrementoso, fecal, estercóreo. Lo otro es su desprecio por lo académico, pues como jamás pudieron aprobar ni siquiera el pre-escolar, entonces los profesionales son para ellos unos bichos raros y la ciencia una cosa palurda. De la tecnología ni hablar pues eso es “nombrar la soga en la casa del ahorcado”.

     En conclusión: la infra-cultura de lo estrafalario está presente en nuestra cotidianidad como expresión de lo negativo y lo indeseable. Ninguna persona sensata quiere como modelo para sus hijos a sujetos desaseados, harapientos, de lenguaje procaz y ramplón; y ningún individuo de estos puede aportar cualidades para la sociedad, sería por eso y quizá molesto con algunos “pre-estrafalarios” en el siglo antepasado, el escritor, periodista, maestro y político mexicano Ignacio Manuel Altamirano (*1834/+1893) sentenció: “Asearse con esmero, no es cuestión de opinión política sino de higiene y educación”. (Santa Rosa, Biruaca, la noche del 26/11/2014)  desiderátum_apure@yahoo.com

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