jueves, 14 de agosto de 2014

¡ Lambucios…!


Desiderátum Apureño.

Por: Oscar Adolfo Alvarado.

     Hay conductas humanas que se manifiestan permanentemente en todos los estratos sociales, aunque generalmente se pretende endilgárselas solo a quienes pertenecen a los sectores populares de la ciudad y el campo, es decir, a los pobres de la tierra. Tal es el caso del lambuceo o la lambuciadera, derivados del adjetivo lambucio, vulgarismos muy venezolanos con los cuales identifican a quienes tienen la mala costumbre de comer entre comidas, o al que se habitúa en ir registrando en busca de sobras de la comida anterior, también llamado Golosos.

     Quizá tal etiqueta se la debemos precisamente a quienes en el mundo de la intelectualidad se encargan de recopilar información, mirando las cosas malas en los pobres y las buenas exclusivamente para los encopetados; pues, según nos dice Alexis Márquez Rodríguez (Domingo, 12 agosto 2007), citando el Diccionario del habla actual de Venezuela (F. J. Pérez y R. Núñez), al adjetivo lambucio” se le define de las siguientes formas: 1. Persona de escasos recursos económicos y generalmente de poca cultura. 2. Persona que actúa servilmente o halaga a alguien con el fin de  conseguir algún beneficio. 3. Persona o cosa que no se considera importante. 4. Persona que continua e insistentemente pide, busca y aprovecha todos los beneficios, especialmente  materiales, que pueda obtener de quienes se encuentren cerca. 5. Persona o animal que come o lame los  restos de alimentos dejados por otros. 6. Persona que come  con avidez. 7. (en los Andes) Persona que come excesivamente”. Termina el autor diciendo que “Todas estas acepciones llevan la marca de coloquial y despectivo, y, en general, puede decirse  que en Venezuela el “lambucio” es un ser despreciable.”

     Pues bien, en algunas cosas pudiéramos coincidir con los lingüistas del Diccionario del habla actual en Venezuela, más en la primera absolutamente ¡No!… por lo siguiente: Ser de escasos recursos económicos o poca cultura no debería ser una condición para adjudicarse la etiqueta de lambucio, porque estamos cansados de ver y comprobar que muchísima gente de esas que tienen cuantiosos saldos bancarios, habitan en importantes urbanismo, usan buenos autos, son esnobistas en el vestir y miran de soslayo a los demás, que cuando van a una reunión de fiestas o cualquier evento donde se reparten comidas y bebidas, al término de las mismas se llevan una bolsa de las cosas que han repartido de tal magnitud, que cualquiera creería que están imitando al barbudo mofletudo conocido por la pajua risa jojojo y la ridícula ropa y gorro Rojos, muy popular durante la navidad… el tal Santa Claus. También existen muchos funcionarios que devengan altos sueldos en importantes instituciones o empresas del sector público o privado quienes cada vez que organizan un evento o reunión del personal, hacen lo mismo que los anteriores descritos y se retiran con el carro lleno, producto de la “rastra curitera” que pasaron; y, otros llegan al colmo de lo lambucio que se llevan para sus casas hasta los clips de las oficinas, aunque no los necesiten. Es más, de esta estirpe hay los lambucios extremos, que recogen hasta las sobras y lo justifican a viva voz diciendo que es para los perros… lo que no sabemos es que si es para los de cabeza negra o realmente para las mascotas peludas con funciones de alarmas ladradoras.

     En cuanto a la 4ta. acepción que dice: “Persona que continua e insistentemente pide, busca y aprovecha todos los beneficios, especialmente  materiales, que pueda obtener de quienes se encuentren cerca.” tendríamos entonces que durante las distintas elecciones y en los entornos gubernamentales los “Lambucios” llegan a la categoría de epidemia. En tales tiempos (de elecciones) hay fulanos llamados activistas quienes acaparan afiches, franelas, gorras y cuanta cosa publicitaria estuvo elaborada con fines propagandísticos, las cuales terminan devoradas por las polillas porque los lambucios, en su afán patológico de provecho personal, no dejaron cumplir el objetivo.

      Así entonces que a este adjetivo posiblemente haya que agregarle nuevas definiciones porque el propio Diccionario de la Real Academia Española dice que “Lambucio” viene de “lamber”, que es una forma popular e inculta de pronunciar el verbo “lamer”, definido como “Pasar la lengua por la superficie de algo”… Bueno, esto trae complicaciones hermenéuticas porque para quienes se dedican al tema del erotismo se pudiera interpretar que cuando el caballero recorre con las “papilas gustativas” las protuberancias pectorales o la innombrada de una fémina o en contrario, si es la chica que al consorte “degusta” como quien tiene un helado de paleta, estarían obrando ambos como unos soberanos lambucios, pero además imaginen un momento a los que en ese mismo hecho, para agregar, estén bajo el estímulo de bebidas espirituosas o de las llamadas afrodisíacas, no tengo duda alguna que un gato de los que se ceban destapando ollas en las cocinas se quedaría pendejo en lo lambucio.

     Para concluir sería bueno de todas formas entender que los lambucios están en todos, los grupos étnicos, estratos sociales o ubicaciones geográficas. En consecuencia, si al llegar a una reunión ve un fulano o fulana con una bolsa y curucuteando cerca de las mesas de los pasapalos, puede usted estar seguro que… ¡Allí llegó el lambucio caramba…!     


(Santa Rosa, Biruaca, estado Apure, 22/01/14)   desiderátum_apure@yahoo.com 

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