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viernes, 15 de enero de 2016
Atollados…
Desiderátum Apureño.
Oscar Adolfo Alvarado.
Pues bien, como la vida de todo terrícola transcurre arrancando desde el
espacio vital del nacer y concluye en el fallecer, no hay duda que en el camino
siempre nos encontraremos vías muy expeditas para avanzar, así como también
dificultades que nos detienen e incluso algunas veces retrocedemos en lo transitado,
lo cual configura la experiencia que sirve de conocimiento y nos alerta para
dar los pasos futuros con mayor atención y acierto, además a su vez permite
convertirnos en “baquianos” para
contribuir a abrirle el camino más expedito a nuestros sucesores. Sin embargo,
en ese viaje existencial hay mucha gente porfiada, quienes se empeñan en irse
por otros atajos y terminan “atollados”…
si atollados en el tiempo, la desidia
y el atraso socio-cultural.
Si nosotros los apureños todos, sin excepción, nos detenemos un instante
a valorar hasta que nivel hemos logrado incorporarnos al progreso general de la
sociedad nacional, latinoamericana y mundial, no tengo dudas que determinaremos
estar “atollados”, cada cual a su
modo y con sus personales actitudes lógicamente, pero en sentido general las
causas son comunes y las encontraremos la mayor de las veces en los demás, por
esa conducta humana que nos hace tan difícil admitir los errores o culpas
propias y tan fácil asumir el rol de Pilatos
en cuanto a la sentencia mortal a Jesús el de Nazareth.
Así pues que admitir que estamos “atollados”
en el atraso no es exagerar que todavía somos como aquellos trogloditas o
primitivos habitantes de las cavernas (donde existían éstas claro está), pero
al comparar nuestras ciudades con otras latitudes, la Capital del Estado y las
de los Municipios junto con el comportamiento socio-cultural, la duda se
despeja y la verdad nos impacta con la fuerza de los hechos.
Sin alejarnos hacia la periferia de la ciudad y constatar lo dicho,
podemos pasearnos por el centro de la ciudad de San Fernando, la otrora llamada
ciudad de la esperanza, para observar el deprimente paisaje de basura a cada
centímetro; ventorrillos de comidas cuyos dependientes son la viva imagen de un
mal mecánico (por lo inmundo de la vestimenta) y los alimentos expuestos al
ambiente como para aderezarlos con la tierra que pulula al aire; barberos de
plaza o acera que dejan al viento la tarea de “barrer” el pelambre; autolavados viales que inundan calles y
avenidas contribuyendo a su destrucción; fruterías itinerantes que ocupan
lugares de mayor tránsito peatonal y consecuentemente las conchas de cambures que,
lanzadas al suelo, son la asegurada caída de… nalgas para un desprevenido transeúnte;
parques infantiles que son destruidos por adultos borrachos o irresponsables;
chatarras automotores convertidas en transporte urbano, con la opción de
fumigadoras por el volumen de humo que expelen; perros realengos y sarnosos que
dejan sus deposiciones por doquier, con tan mala suerte que se van adheridas a
nuestros zapatos y cuando llegamos al trabajo o la casa en vez del común saludo,
nos reciben con un espantoso ¡FOOOOSS!; en fin, en nuestras
ciudades la anarquía es lúgubre mientras que la actitud citadina sofoca y
angustia.
Insisto, más fácil resulta echarle las culpas a los demás que admitir
las propias falencias; la problemática es de larga data y cada vez se agudiza
mucho más por aquello del aforismo popular: “quien se pone adelante es para que lo sigan”. Las autoridades a
quienes les compete actuar en cada aspecto se distraen entre la cháchara y sus
particulares intereses, mientras que cada cual se antoja de materializar su “Derecho al trabajo” ocupando los
espacios públicos y empeorando el caos urbano.
Si seguimos en este ritmo de comportamiento socio-cultural continuaremos
atollados en medio de la anarquía, la desidia y el atraso general de nuestra
región. Pues es muy difícil que una sociedad mejore sus condiciones materiales
de vida colectiva si sus individualidades no mejoran la actitud y
comportamiento social para con los similares.
(Santa Rosa, Biruaca, 14/01/2016). desiderátum_apure@yahoo.commiércoles, 9 de septiembre de 2015
Bachacophitecus
Desiderátum Apureño
Por: Oscar Adolfo Alvarado
En su obra sobre el Origen y Evolución
de las especies, el gran investigador Charles Darwin describía como en los
seres vivos se producían cambios y adaptaciones biológicas según las condiciones
del entorno natural y, sobre todo, la disposición de alimentos. Con esmero el
naturalista se dedicó a recoger datos científicos que hasta hoy día son de
mucha utilidad para todos los habitantes del planeta tierra. Por ejemplo; sobre
la evolución del hombre existen millones de estudios y la mayoría de los
paleo-antropólogos aún andan en la búsqueda del eslabón perdido. En esa
incesante indagación han logrado encontrar nuevos especímenes de homínidos
entre nuestros "monoides" primos antepasados, pero entre los más
recientes ejemplares, tenemos el "Bachacophitecus"; éste es una
degradación del Homo sapiens hacia las especies himenópteras, más propiamente
hacia la "hormigota" Roja conocida popularmente en el país como
"Bachaco Culón".
Pues sí, aunque no somos
paleo-antropólogos, nuestros "sesudos" estudios en la
"Universidad de la Cotorra Popular", nos ha dado la suficiente
experticia para definir el susodicho "raro" pero común (aunque suene
a oxímoron) espécimen el cual se caracteriza por lo siguiente: Son casi
idénticos al resto de los seres humanos pero con la misma capacidad de cargar
hasta Diez veces su peso, tal como el bicho de marras. Aunque es mamífero se
reproduce por millones al estilo ovíparo de los himenópteros corta hojas. Son
reconocibles de inmediato porque su manera de andar es uno detrás del otro, es
decir, en cola. Cuando llegan a una mata, en este caso entiéndase hipermercado,
supermercado o abasto, no descansan ni un solo minuto hasta llevarse el más
ínfimo retoño, que digo, víveres y comestibles. Y, además, en su estructura
social tienen la "Reina" que la encargada del desove, solo que en
este caso la soberana puede ser de ambos sexos y la postura consiste en aportar
el dinero, es pues la o el financista que tiene una cohorte de zánganos para
protegerla o protegerlo, un numerosísimo grupo de obreras u obreros cargadores
y como colofón tiene los protectores del enjambre: los Bachacos Soldados; en
esta última variedad se produce una atípica característica que quien los mira
puede notar que se confunden exactamente con los personajes uniformados de
diversos cuerpos de seguridad del Estado venezolano.
A este punto estimados lectores,
seguramente muchos dirán que me hago el payaso; otros tantos que me estoy
burlando vergonzosamente de las penurias del pueblo y unos cuantos mentaran en
peyorativo a mi señora mamá, quien por cierto no tiene culpa de las ocurrencias
de su menor hijo varón. Pero la mayoría, los verdaderamente inteligentes,
entienden que hago uso del humor por lo de aquella frase: "Dichoso el
hombre que aún puede reír de sus propias desgracias"; y es así, porque los
bachaqueros (Como se conocen a los que hacen contrabando interno y de
extracción también) son una desgracia y una vergüenza moral para la Nación.
Son una desgracia porque ellos acaban
con la tranquilidad y bienestar general de la población; de ricos, clase media
y sectores populares mucho más, pues limitan la posibilidad del acceso a los
bienes de consumo cotidiano, especialmente los alimentos, mucho más los
subsidiados. La cultura del bachaqueo impide cualquier intento de solución por
parte del Gobierno en cuanto a suministro de bienes y servicios. El que lo
lleva fuera del país como contrabando de extracción contribuye a la escases y
la carestía, y mayor es la desgracia y el daño hacia la población, si se trata
de insumos y equipos que son para utilizarlos operativamente en el
funcionamiento de la prestación de servicios públicos, tales como salud,
educación, agua potable, aguas servidas, electricidad, entre otros.
Son una vergüenza porque su conducta
ruin es considerada fuera de nuestro país como el común denominador para la
totalidad de los venezolanos, es decir, que seríamos un pueblo de flojos, vende
patria, lambucios, rebuscones o cucañeros; cognomentos éstos muy lesivos al
devenir histórico – cultural del venezolano y bastante lejanos a la realidad
objetiva de nuestro gentilicio.
Así pues que es innegable que las
colas masivas para adquirir productos es una verdad dominante en Venezuela, lo
cual hace sufrir a la gente honesta y modesta, la gran mayoría que no tiene
otra alternativa que ir día tras día, peregrinando de sitio en sitio, para
conseguir lo que necesita; pero también es verdad que esas colas son, en gran
medida, consecuencias del bachaquerismo que se lleva para países vecinos hasta
el 40% de los productos que se importan para consumo interno; y, que del
porcentaje restante, una gran cantidad son acaparados por las mafias de los
"Bachacophitecus" internos, hampones acostumbrados al mínimo esfuerzo
pero al dinero fácil. Lamentablemente el bachaquerismo es un cáncer que está
haciendo metástasis, extendiéndose hacia importantes grupos de funcionarios
públicos que deberían ser custodios del orden ciudadano, los unos, y garantes
de la aplicación de las leyes, los otros. Pues si bien el
"Bachacophitecus" que contrabandea es un malhechor, el funcionario
que lo alcahuetea o encubre también es un delincuente.
En consecuencia, lógico es pensar que
la gran mayoría del pueblo apoye las iniciativas legales, así como las acciones
prácticas, contundentes y efectivas para contraatacar a los
"Bachacophitecus", estén donde estén. Políticas estas que deben ir
acompañadas de serios y mejores planes y programas para elevar sustancialmente
la capacidad productiva nacional y suplantar la práctica de esa cultura
rentista e importadora, formada hace muchas décadas y estableciendo estándares
de vida derivados de un Estado paternalista, quien en muchos años nadó en la
fastuosidad de las divisas, pero que hoy eso ya no es posible mantener porque
en pleno invierno le mermó el río al tesoro nacional. (Santa Rosa, Biruaca, 12/08/2015).
desiderátum_apure@yahoo.com
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martes, 14 de octubre de 2014
“De la Viveza Criolla al… ¿Qué están dando aquí?”
Por: Oscar Adolfo Alvarado.
Resulta
inquietante escuchar a muchos dirigentes de izquierda, centro y derecha, repetir
hasta el cansancio discursos sobre la creación del “hombre nuevo”, el “nuevo
estado”, la “conciencia revolucionaria”, los “valores de los nuevos tiempos” y
toda una cacofonía de frases, entre filosóficas y estrafalarias, tratando de
generar con el verbo (oral u escrito) alguna modificación de las conductas
humanas hacia el hecho político o la forma de participación social que dejaron
como cultura los partidos políticos Acción Democrática y el Comité de
Organización Política Electoral Independiente, mejor conocido por sus siglas:
COPEI. Por cierto que ambas organizaciones nos hacen dudar en nuestro
escepticismo, pues aunque jamás hemos sido supersticiosos y consideramos que
los gringos son unos rolitrancos de bolsas por la fobia contra el número Trece,
principalmente cuando se le atribuye a un día Martes; parece ser que ese
guarismo en los dos citados partidos es una determinante para lo pavoso, ya que
en el caso de AD fue fundada el 13 de Septiembre de 1941 y COPEI el 13 de Enero
de 1946.
Pero dejemos el
13 tranquilo y vamos al grano del asunto; pues a lo que queremos referirnos
puntualmente es a la muy desafortunada conducta y mala costumbre de la pedidera
y el sacar provecho fraudulento en toda cuestión que se derive de la
administración pública, en cualquiera de sus niveles: Nacional, Regional o
Municipal, sumándole ahora el comunal, que recibe recursos públicos como los
Tres antes nombrados. Los ejemplos están a diario cuando vemos que las oficinas
públicas se abarrotan de gente solicitando, como es lógico y obligación de los
funcionarios, la atención pertinente al ciudadano, pero… siempre “entre los Bagres se cuelan las Guabinas”,
porque resulta que se ha hecho común encontrarse con algunos vivarachos o
vivarachas cuyo mayor “talento” es su
capacidad histriónica, propia de un actor teatral, es decir, nadie los supera
en la forma de convencer (o al menos intentarlo) mediante la expresión de
supuestas afectaciones propias o de un familiar muy cercano; los individuos (de
ambos sexos) se atrincheran en una antesala y en cuestión de segundos, no sin
antes soltar medio litro de lágrimas y restregarse otro tanto de mocos, te
relatan una desgracia personal que supera los efectos en Europa de la Segunda
Guerra Mundial. Los susodichos pedilones son tan atrevidos u osados que muchos
“enferman o matan virtualmente” a hijos, hermanos y hasta sus propias
progenitoras, con tal de lograr una donación financiera para la supuesta medicina
o urna, cuando en verdad van al entierro pero del dinero conseguido en la caja
registradora de una licorería, la venta de terminales de lotería o el remate de
carreras hípicas.
Indudablemente
que muchos estimarán como exageradas nuestras consideraciones, sin embargo, como
la historia es la que enseña en esos temas, para nosotros y muchos otros más es
conocido que por culpa de las “montilleras
ayudas económicas”, en tiempos electorales para personas de escasos
recursos, se entronizó una práctica consuetudinaria que si bien pudo ayudar de
verdad a unos cuantos necesitados, la cuestión trasmutó en la dádiva que
permitía la compra de votos, a lo cual se le sumó las donaciones de artefactos,
materiales, enseres y bolsas de alimentos, entre otros; que por efectos de la
viveza criolla pasaron de ser acciones de solidaridad social, a ser el
mecanismo intermediario para que dirigentes medios o de base (entre ellos los
Comisarios) pudieran controlar o captar prosélitos.
Tanto se instaló
esta cultura de los pedilones que hoy día todavía existen de los que antes
usaban las boinas Blancas o Verdes y las guardaron para que la testa fuese
ocupada por una de otro color más contemporáneo y afín con el gobierno. Aquí
vale decir, que lógicamente quedan unos cuantos de los militantes anteriores quienes
se mantienen en sus partidos y aunque no tienen mucho espacio de Gobierno
siguen igual de pedilones, sólo que la peregrinación se les hace más difícil y
los resultados muy menguados. También los hay de otros tipos (Derivados de los
anteriores obviamente): por ejemplo: Los “pedilones
independientes”: apostados en las
puertas de Bancos, Comercios importantes, Estaciones de Servicio y Semáforos
quienes te montan un martillo perenne con un récipe, sólo legible por un
Paleógrafo, por lo similar a documentos antiguos debido a lo desgastado y ocre
del papelito. Por otra parte están los “pedilones
varones”, quienes no son precisamente los hombres o caballeros, son de
ambos sexos y con una Biblia en ristre, interceptan al transeúnte y en 30
segundos sueltan una decena de Salmos sobre lo catastrófico de lo mundano,
concluyendo con el vaticinio apocalíptico inminente para asustar al oyente y lograr
sacarle una “Bendición”, es decir, una
contribución monetaria. En tercer lugar están los más peculiares pedilones, son
los “Bombillo e´Tunel”, sujetos que
por efectos del alcohol etílico andan “prendidos”
las 48 horas del día, si 48 horas, porque considerando que el borracho ve
doble, el reloj de ellos tiene al menos una hora más cada Sesenta minutos; estos
susodichos son geniales en sus argumentos, cualquier ocurrencia o improvisación
es buena artillería verbal para conseguir el recurso que permita adquirir otro “frasco espirituoso” y generalmente
logran conseguirlo porque con el tufo que exudan, la gente termina dándoles algo
para alejarlos cien metros al menos.
Así pues que
este asunto de la viveza criolla y los pedilones da para escribir varios tomos
y comentarlos durante varias horas, cosa que no podemos hacer ahora, pero con
las dificultades existentes hoy día y la necesidad de hacer un país productivo,
creemos que ya basta de soportar gente que, sin ningún oficio productivo
conocido, llegan a las Instituciones con carpetas llenas de papelería de todo
tipo y simplemente preguntan… ¿Qué están dando aquí? con la
consecuencia lamentable para muchísimas personas necesitadas quienes acuden a
los organismos oficiales para que les sean resueltas algunas situaciones
efectivamente apremiantes y para las cuales carecen absolutamente de recursos;
pero a veces no logran conseguir lo demandado y como respuesta encuentran una
férrea negativa, porque esa cultura negativa de unos cuantos vivarachos hacen
multiplicar el escepticismo de los funcionarios públicos y ciudadanos comunes. En
consecuencia, si no corregimos los errores del pasado seguiremos transitando
por caminos equivocados, así seguramente lo estimaba el Padre Libertador cuando
expresó: “De nada sirve evaluar la historia si no aprendemos de ella; la historia
no es el pasado depositado en viejas bibliotecas, el pasado es una ventana
hacia el futuro que nos permite enfrentar realidades actuales y por venir, que
se repiten una y otra vez”.
(Santa Rosa, Biruaca, 24/09/2014)
desideratum_apure@yahoo.com
Leído en el Enfoque Socio-Cultural de
Radió Alpha 97.5 FM el 25/09/2014.jueves, 14 de agosto de 2014
¡ Lambucios…!
Desiderátum Apureño.
Por: Oscar Adolfo Alvarado.
Hay conductas humanas que se manifiestan permanentemente en todos los estratos
sociales, aunque generalmente se pretende endilgárselas solo a quienes
pertenecen a los sectores populares de la ciudad y el campo, es decir, a los pobres
de la tierra. Tal es el caso del lambuceo o la lambuciadera, derivados del
adjetivo lambucio, vulgarismos muy venezolanos con los cuales identifican a
quienes tienen la mala costumbre de comer entre comidas, o al que se habitúa en
ir registrando en busca de sobras de la comida anterior, también llamado
Golosos.
Quizá tal etiqueta se la debemos precisamente a quienes en el mundo de la
intelectualidad se encargan de recopilar información, mirando las cosas malas
en los pobres y las buenas exclusivamente para los encopetados; pues, según nos
dice Alexis Márquez Rodríguez (Domingo, 12 agosto 2007), citando el Diccionario
del habla actual de Venezuela (F. J. Pérez y R. Núñez), al adjetivo “lambucio”
se le define de las siguientes formas: 1. Persona de escasos
recursos económicos y generalmente de poca cultura. 2. Persona que actúa
servilmente o halaga a alguien con el fin de conseguir algún beneficio.
3. Persona o cosa que no se considera importante. 4. Persona que continua e
insistentemente pide, busca y aprovecha todos los beneficios, especialmente
materiales, que pueda obtener de quienes se encuentren cerca. 5.
Persona o animal que come o lame los restos de alimentos dejados por
otros. 6. Persona que come con avidez. 7. (en los Andes) Persona que come
excesivamente”. Termina el autor diciendo que “Todas estas acepciones llevan la
marca de coloquial y despectivo, y, en general, puede decirse que en
Venezuela el “lambucio” es un ser despreciable.”
Pues bien, en algunas cosas pudiéramos coincidir con los lingüistas del
Diccionario del habla actual en Venezuela, más en la primera absolutamente ¡No!…
por lo siguiente: Ser de escasos recursos económicos o poca cultura no debería
ser una condición para adjudicarse la etiqueta de lambucio, porque estamos
cansados de ver y comprobar que muchísima gente de esas que tienen cuantiosos
saldos bancarios, habitan en importantes urbanismo, usan buenos autos, son
esnobistas en el vestir y miran de soslayo a los demás, que cuando van a una
reunión de fiestas o cualquier evento donde se reparten comidas y bebidas, al
término de las mismas se llevan una bolsa de las cosas que han repartido de tal
magnitud, que cualquiera creería que están imitando al barbudo mofletudo
conocido por la pajua risa jojojo y la ridícula ropa y gorro Rojos, muy
popular durante la navidad… el tal Santa Claus. También existen muchos
funcionarios que devengan altos sueldos en importantes instituciones o empresas
del sector público o privado quienes cada vez que organizan un evento o reunión
del personal, hacen lo mismo que los anteriores descritos y se retiran con el
carro lleno, producto de la “rastra curitera” que pasaron; y, otros
llegan al colmo de lo lambucio que se llevan para sus casas hasta los clips de
las oficinas, aunque no los necesiten. Es más, de esta estirpe hay los
lambucios extremos, que recogen hasta las sobras y lo justifican a viva voz
diciendo que es para los perros… lo que no sabemos es que si es para los de
cabeza negra o realmente para las mascotas peludas con funciones de alarmas
ladradoras.
En cuanto a la 4ta. acepción que dice: “Persona que continua e
insistentemente pide, busca y aprovecha todos los beneficios, especialmente
materiales, que pueda obtener de quienes se encuentren cerca.”
tendríamos entonces que durante las distintas elecciones y en los entornos
gubernamentales los “Lambucios” llegan a la categoría de epidemia. En tales
tiempos (de elecciones) hay fulanos llamados activistas quienes acaparan
afiches, franelas, gorras y cuanta cosa publicitaria estuvo elaborada con fines
propagandísticos, las cuales terminan devoradas por las polillas porque los
lambucios, en su afán patológico de provecho personal, no dejaron cumplir el
objetivo.
Así entonces que a este adjetivo posiblemente haya que agregarle nuevas
definiciones porque el propio Diccionario de la Real Academia Española dice que
“Lambucio” viene de “lamber”, que es una forma popular e inculta de
pronunciar el verbo “lamer”, definido como “Pasar la lengua por la superficie
de algo”… Bueno, esto trae complicaciones hermenéuticas porque para quienes
se dedican al tema del erotismo se pudiera interpretar que cuando el caballero
recorre con las “papilas gustativas” las protuberancias pectorales o la
innombrada de una fémina o en contrario, si es la chica que al consorte
“degusta” como quien tiene un helado de paleta, estarían obrando ambos como
unos soberanos lambucios, pero además imaginen un momento a los que en ese
mismo hecho, para agregar, estén bajo el estímulo de bebidas espirituosas o de
las llamadas afrodisíacas, no tengo duda alguna que un gato de los que se ceban
destapando ollas en las cocinas se quedaría pendejo en lo lambucio.
Para concluir sería bueno de todas formas entender que los lambucios están en
todos, los grupos étnicos, estratos sociales o ubicaciones geográficas. En
consecuencia, si al llegar a una reunión ve un fulano o fulana con una bolsa y
curucuteando cerca de las mesas de los pasapalos, puede usted estar seguro que…
¡Allí llegó el lambucio caramba…!
(Santa
Rosa, Biruaca, estado Apure, 22/01/14) desiderátum_apure@yahoo.com
jueves, 7 de agosto de 2014
RETÓRICA PESIMISTA
2:55 p.m.
Cultura, Desarrollo Regional, Ecología, Historia, Humor, Opinión, Política
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La
calle es una selva urbana donde cualquier espacio contiene múltiples
expresiones de la naturaleza y el comportamiento humano. Al salir a ella
nos preparamos con la incertidumbre de lo que pudiéramos encontrar y
seguramente optimistas con el deseo de regresar al hogar cargados de
logros y más esperanzados por el futuro para verter en nuestros prójimos
las satisfacciones que alegran la existencia; sin embargo, en esa selva
de concreto, como en la verde, también hay muchos “animales” que
asustan y espantan. Puede usted ir tranquilo y de muy buen ánimo cuando
de repente lo detiene uno de esos “Buhos” o “Lechuzas” quienes se ocupan
solamente de enterarse y divulgar desgracias. Hombres y mujeres quienes
son una crónica policial parlante, capaces de hacer elevar la presión
arterial, causar un ACV y hasta de suicidar al otro, como consecuencia
de sus chácharas mortuorias. Ese tipo de gente se compra el periódico
para leer exclusivamente la contraportada y si observa la TV lo hace
sintonizando programas de catástrofes o cualquier otro que ofrezca
“luces” sobre desastres y hecatombes. Llevarse un “Buho” o “Lechuza” de
éstos a pescar es tan erróneo como intentar capturar un buen Bagre o
Pavón lanzando un anzuelo en la pista de un aeropuerto.
Sin duda que nuestras ciudades son cada día más inseguras, ya no
sabemos si es un choro o un policía quien nos atracará o quitará la
vida, las dificultades de la escases, calles deterioradas, basura por
doquier, animales enfermos realengos capaces de contagiarnos o
despegarnos una pierna por lo rabioso que son y para colmo está la
barbarie de motorizados y taxistas desaforados e incontrolables, quienes
en su conjunto serían capaces de hacernos desistir de la intención de
salir de casa y tornarnos pesimistas ante la expectativa de cada
amanecer; más esa realidad no es absoluta y la gran mayoría de la
población puede y debe contrarrestar los efectos de las carencias y
limitaciones, así como la intención de una minoría de mantenernos en
zozobra y crispados de nervios.
Algunos especialistas en Psicología de las masas y Teoría de la
comunicación han elaborado muchísimas hipótesis al respecto,
particularmente sucede cuando desde centros nodales de intereses
financieros transnacionales quieren doblegar y someter a los pueblos que
luchan por su autodeterminación e independencia económica, social y
política. En esa intención se promueven grupos violentos, se estimula el
sabotaje y se proporcionan los recursos para difundir exponencialmente
las fallas y errores, tratando de crear la desesperanza e histeria
colectiva que facilite dominar y hacer agachar la cabeza a las grandes
multitudes que muy bien pueden hacer la resistencia y vencer las
dificultades.
A todo lo anterior se le suma la retórica pesimista de algunos
mediocres empleados como funcionarios de gobierno, quienes sin tener la
experticia para ejercer los cargos que detentan y sin posibilidad alguna
de mostrar logros efectivos, se dedican a elucubrar sobre las resultas
de los acciones de los demás, es decir, como no son exitosos ellos
porque carecen del talento, la inteligencia y preparación para el
desempeño, entonces se convierten en expertos oradores que elaboran
divagaciones nutridas de recovecos léxicos complicados tratando de
aparentar profundidad de conocimientos. Es así como encontramos abogados
experimentando en economía, profesores intentando resolver asuntos
hidráulicos, técnicos agrícolas dirigiendo construcciones, químicos en
la gerencia de maquinarias pesadas o militares en procesadoras de
alimentos, entre muchos otros casos. Con esto no quiero desmeritar la
capacidad gerencial que uno u otro profesional pueda poseer para ejercer
un cargo directivo; sin embargo, si las ciencias han desarrollado
disciplinas especificas y se forman en las universidades los hombres y
mujeres para cada área ¿Porqué nuestros decisores insisten en colocar
gente sin la preparación respectiva para que dirijan o regenten
instituciones o empresas que requieren de los mejores especialistas?
Las respuestas las encontramos en la filiación política, el amiguismo,
el nepotismo y el nocivo clientelismo que tanto daño hacen a la
administración pública. Es entonces cuando ante situaciones de carencias
y dificultades como las que hoy día tenemos en nuestro país, creadas en
gran parte de forma artificial por empresarios vende patria y aliados
al capital extranjero, los venezolanos estamos obligados a resistir y
combatir: resistir ante las minorías violentas alentadas y financiadas
por las transnacionales que quieren acabar con la revolución
bolivariana, que tanto esfuerzo ha realizado por construir y crear para
el beneficio de los que antes estaban excluidos. Por otra parte combatir
la retórica pesimista de quienes nada tienen que aportar realmente…
pero esto último se puede hacer exitosamente colocando a los
profesionales honestos, proactivos y con sentido de pertenencia en
responsabilidades para las cuales estén formados. Venezuela tiene los
recursos y el talento humano para superar las dificultades pero el
fanatismo, el dogmatismo, el sectarismo y la corrupción han hecho mucho
daño que es necesario revertir. Con esto no pretendemos usar la retórica
idealista del pontífice romano que acaba de asegurar que la clase
dirigente que se aleja del pueblo va hacia la corrupción, lo cual tiene
su buena carga de verdades, pero cuando observamos que en tal elocuencia
no se dice nada, por ejemplo, acerca del Banco del Vaticano que
financia a la fábrica de armas Beretta, entonces denotamos que la
retórica como forma de propaganda solo intenta dibujar figuras etéreas
en el discurso, mientras en la acción concreta todo sigue igual.
En nuestro país se cambiará la escasez por la abundancia cuando
industrialicemos las regiones y su talento humano se incorpore como
fuerza productiva a transformar las materias primas que la madre
naturaleza nos otorgó en abundancia. Mientras esto no suceda las becas y
las dadivas serán el común denominador junto con los puertos recibiendo
millones de toneladas producto del esfuerzo transformador logrado en
otras naciones empeñadas en progresar cada día más y quienes si
entendieron la importancia de la industrialización.
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